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Habitar la distancia |
Sumatoria de elementos finitos |
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Hoy, la computación nos permite recorrer de modo virtual las tempranas propuestas urbanísticas de Le Corbusier. La Citè Contemporaine y la Ville Radieuse de 1922 y 1929, más que ciudades para el hombre son ciudades para el automóvil. Si la cuadrícula española aplicada en las colonias americanas, se utiliza para la repartición equitativa de los solares y para determinar el emplazamiento de las instituciones civiles y religiosas, la cuadrícula lecorbusiana es un trazado entre diagonales diseñado para resolver las demandas de distancia y tiempo de los automóviles. El grito de batalla urbanístico de Le Corbusier de permutar la calle-corredor por la autopista urbana, tiene sentido si entre sus intereses se encuentra la resolución de un propio y exclusivo espacio para el automóvil. Autopista urbana que el critico Lewis Mumford denostó con dureza en la obra La carretera y la ciudad (1963). Hemos estado sentados por largo rato en el bosquecillo que da paso al edificio originalmente llamado de Les heures claires. Desde allí, la Villa Saboya nos parece un automóvil presto para el movimiento antes que un inmueble para contener los pacíficos fines de semana del Sr. Savoye y su mujer, más dispuestos para vivir en medio de la naturaleza que en una caja de hormigón, aunque esta caja sea una caja de contemplación tal como nos propone el arquitecto. Hoy, sola en su propia y reducida nebulosa verde, ya ni siquiera se nos muestra empinada asomándose liviana y aérea desde la colina al paso del Sena, tal como la imagino el arquitecto cuando tuvo el coraje de resolver el acertijo y después de padecer como un pequeño deus-creator. Hoy sin temor al equívoco y luego de consultar los primeros esbozos que desarrolla Le Corbusier, para afrontar el encargo de los Savoye, podríamos suponer que los cinco principios que sustentan el discurso arquitectónico de Le Corbusier fueron redactados observando un automóvil, un automóvil Voisin para no faltar al compromiso adquirido años antes con los hermanos Voisin. La fachada plana y la ventana corrida son elementos que podrían ser aplicados tanto a un edificio como a un automóvil, siendo más propios de estos últimos. El techo terraza –jardín o solarium- podría provenir del uso del techo dado por los carruajes para transformarlo en un espacio habitable para los baúles o para el descanso fugaz del cochero. La terraza se concibe como un recinto para tomar el sol en un lugar cerca de París, en donde el sol es una materia mínima y débil. |
Mirando las casas de la serie Citrohan (1920 - 1927) en más de una oportunidad hemos tenido la tentación de relacionar su forma con la forma de los automóviles de la época. Mirando los primeros esbozos de la villa, en donde quedan registrados los esfuerzos por resolver las cocheras de los automóviles y las complejas resoluciones del programa, también tenemos la tentación de pensar que el estudio de un automóvil, sus rotundidades y fortalezas entre forma y contenido, y utilidad y belleza, permitió saltar por sobre las contrariedades de las tempranas configuraciones, para llevarlo a desembocar en el resultado que hoy conocemos. A partir de ello, pensamos que la didáctica de la Villa Saboya reside en ser la primera propuesta en donde se expresan con madurez y acierto los cinco principios lecorbusianos, pudiendo ser considerada como una sumatoria de datos finitos cuyo resultado es una obra de arquitectura. Hasta esos años, estos principios habían sido aplicados de modo parcial e incompleto en la terraza-solarium y la fachada libre de las casas Citrohan y Pessac (1920 y 1925); la planta libre, en el chalet Besnos en Vaucresson (1922); la ventana corrida, en la Villa La Roche de París (1923); y los pilotis, en las dos casas de Wiessenhof de Stuttgart (1927). Si la planta libre es el método que le asigna cualidad arquitectónica a los restantes principios formulados por Le Corbusier, liberándolos de sus limitaciones constructivas, distancia y tiempo son las dimensiones que permiten su articulación. Distancia y tiempo que en la Villa Saboya se expresan en la rampa y en la escalera semi-caracol. Mientras la rampa (un elemento más propio del programa vial que del residencial), conecta los espacios nobles de la villa, habitados por los señores Savoye y sus invitados, la escalera se dirige a resolver prestamente los espacios de servicio habitados por la servidumbre. La carencia de pasillo o galería, propio de una distribución o programa convencional de aquellos tiempos, permite la habitabilidad a través del recorrido de la planta libre como contenedora del vacío y del imprevisto. De este modo, la planta libre se hace más libre y expresiva si ella contiene los espacios de recorrido. De lo contrario, el carácter recintual e híbrido que impone el pasillo, reduce a su mínima expresión la habitabilidad inmediata de la planta libre. |
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Planta baja: rampa y escalera como dos modos de resolver los tiempos del habitar de la Villa Saboya. |
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Habitar el tiempo |
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La planta libre surge en la poética lecorbusiana en los tiempos de la creación del sistema constructivo denominado Dom-ino (1914). Es este un artefacto desprendido por voluntad de su creador de las cubiertas de los barcos, enraizado más con las resistencias de los materiales y los marcos rígidos que con las concepciones arquitectónicas. Sin embargo, es este artefacto-soporte de naturaleza constructiva que le permite al maestro formular sus cinco principios fundamentales de la nueva arquitectura: la planta libre en primer lugar, después la terraza solarium, la fachada libre, la ventana corrida y los pilotis. Para Le Corbusier el antes de la arquitectura es la construcción y no el después. Desprendidos del pasillo (¿la calle corredor?), la rampa transforma el cambio de nivel, entre las diferentes plantas, en un desplazamiento pausado que permite habitar con el cuerpo y la mirada la dimensión horizontal en toda su extensión. Por el contrario, la habitabilidad de la escalera se produce como una acción breve impuesta por la geometría vertical y cuya única cualidad que la redime podría ser la luz cenital que se transmite hacia las plantas inferiores. Así, en los tres niveles de la Villa Saboya se accede a la rampa a partir de la transparencia de los cerramientos acristalados o simplemente vacíos, permitiendo su localización desde la distancia. Mientras tanto, la escalera siempre queda oculta y rara vez permite su visión desde los recintos situados en el perímetro del edificio, otorgándole un propio tiempo y pudor a las labores y los trajines de servicio. Transitando por las diferentes señas marcadas a fuego en la arquitectura del siglo XX, la máquina por excelencia es aquella que permite habitar la distancia y el tiempo: ¿la casa o el automóvil? Jonás Figueroa Salas, 2004 |
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Bibliografía básica |
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Sbriglio, Jacques. Le Corbusier: La Villa Savoye. Fundatión Le Corbusier, París, 1999. |
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Turner, Paul. La formation de Le Corbusier. Macula. París, 1987. |
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