|
2.- El Valor Estructurante del Suelo. Junto a los valores productivos y sus efectos perversos, ya sea inmobiliarios y agrarios, debemos considerar los valores estructurantes o vertebradores que presenta la ocupación del suelo. Construir cualquier cosa en cualquier parte es del todo nocivo para el patrimonio del país, para el clima y también para la seguridad nacional. Es necesario pensar que una ocupación razonable de nuestro territorio optimiza el recurso suelo de aptitud urbana y productiva -uno de los más reducidos per capita del planeta- y nos resguarda de las amenazas ambientales y de los desastres naturales. Construir nuevas ciudades y núcleos residenciales respondiendo a las facilidades viales y ferroviarias, y también la aptitud urbana del suelo, optimiza los esfuerzos de la sociedad para definir una estructura territorial razonable, equilibrando las cargas con las capacidades de acogida de las piezas fundiarias. También protege el patrimonio natural, biológico y paisajístico del país. Por el contrario, el descuartizamiento del territorio que nos sugieren los nuevos instrumentos propuestos por la modificación de la ley, a través de planificación condicionada, nos llevará a desaprovechar una nueva oportunidad para incorporar calidad y belleza en nuestro patrimonio natural y construido, sin tener por qué dejar de lado la protección de los valores productivos, estructurantes, ambientales, paisajísticos y culturales del territorio. En los últimos años, hemos asistido a un interesante renacer de visiones territorialistas de parte de los organismos con competencias específicas en tales materias. El problema surge cuando estas visiones se formulan de modo unilateral, con escasa compatibilidad con otras actuaciones que convergen en una misma espacialidad. Si ninguna disciplina en particular, tiene instrumentos para operar sobre todo el territorio, tampoco el territorio puede ser reducido a una sola y particular visión, sea ésta ambiental o urbanística, dejando de lado otras facetas o dimensiones. En tanto visión mayor y expresión física y administrativa de las políticas sectoriales, los instrumentos de ordenamiento territorial son los llamados a resolver las incompatibilidades y ordenar los resultados obtenidos parcialmente. Aunque se afirme lo contrario, en Chile carecemos de instrumentos que compatibilicen y coordinen las muchas y diferentes actuaciones que se producen en el territorio. En tal sentido, el plan de urbanismo y sus figuras de planeamiento pormenorizado deben ser sólo urbanísticos y nada más y dejar el ordenamiento del territorio para un documento directriz de la gran escala. Ello permitirá que los usos urbanos sean compatibles y complementarios con los usos agrarios, mineros, productivos en general. Parte de los conflictos que se expresan en dificultades o en impedimentos para los sistemas productivos y sociales, por citar algunos, tienen su origen en la ausencia de una estructura territorial de escala provincial y comunal. La totalidad de las dimensiones administrativas del país carece de una propia armadura o esqueleto básico, en donde insertar el patrón de asentamientos urbanos y el sistema productivo. Esta falta de estructura deja en evidencia no pocas veces, la incompatibilidad que existe entre el territorio y los sistemas que operan sobre él, provocando conflictos y deterioros. El exacerbado centralismo que exhibe la escala nacional, se reproduce en los niveles regional, provincial y comunal. Una sola gran ciudad para todo el país; una sola gran ciudad para toda la región; una sola gran ciudad para toda la comuna. Esta cuestión deteriora las capacidades de acogida del territorio, a veces por congestión de usos y otras, por la infrautilización de sus recursos y potencialidades, tan nocivos unos como otros. En estos casos, se echa en falta una directriz que ordene y jerarquice la intervención de los diversos niveles y organismos públicos que operan sobre el territorio. Es menester resaltar la utilidad instrumental y administrativa de tener una pre-visión superior que formule un proyecto territorial acorde con las características regionales y sus capacidades de acogida, en cuanto factores primordiales del proceso de desarrollo. A estas alturas, ya no podemos seguir instalando cualquier cosa en cualquier parte. Por el contrario, diseñar el territorio debe ser la acción básica para mejorar la calidad de vida de la sociedad. |
|
|
|
2.- El Valor Estructurante del Suelo |
|
|
| creada 08/2004 | ||
|
|
||